“HAGO CINE SOBRE LAS PERSONAS QUE QUIERO”

Agustín Banchero, cineasta y dramaturgo uruguayo, conversó con nosotros en la pasada edición del Festival de Cine de Lima. Compartimos aquí esta entrevista que se quedó en el tintero, y que giró alrededor de la película que presentó en aquella ocasión: Las vacaciones de Hilda, con la gran actuación de Carla Moscatelli.

Agustín, sobre Las vacaciones de Hilda, ¿cómo surgió la idea de hacer esta película?, ¿el guion es tuyo también?

Sí, es mío el guion. Hace poco me preguntaron cómo empezó el proceso de Las vacaciones de Hilda y descubrí que el primer fondo lo grabamos en el 2014, así que significa que el guion tuve que empezarlo el 2013. Por lo menos empezado, porque yo toco el guion hasta el rodaje. Filmamos una versión 11.3 de la versión del guion. Filmamos en el 2018 la primera parte y a fines de 2018 y a inicios de 2019, la segunda parte. Entonces, todos esos años, el guion fue teniendo muchas capas. Siempre mi objeto de estudio tiene que ver con mi entorno más cercano, lo que no quiere decir que sea autobiográfico, yo no creo en las biografías, creo en las ficciones sobre los insumos personales. Arranco con personajes que conozco, que quiero, especialmente que quiero, no solamente conozco, investigo e indago a través de la ficción, en los vínculos, en las relaciones, en las experiencias de vida y empiezo a especular cosas que pudieron haber pasado.

Te inspiras en las personas que quieres, pero siempre estuvo desde el inicio la historia de una mujer. La película es un drama y ese tono melancólico, ¿ya estaba desde el inicio también?

Sí, el tono y el personaje de la protagonista estuvieron siempre. También que fuera un díptico la película estuvo siempre. Lo que fue cambiando, principalmente, fueron nuevas capas que están vinculadas a aspectos de índole filosófico, con la experimentación sobre la idea del tiempo, de la memoria. Capas nuevas que no hablan necesariamente de la trama, sino que son ideas nuevas que a lo largo de esos años me estaba preguntando o estaban resonando en mí. Me parece fundamental en nuestro cine latinoamericano que los guiones no se estanquen, sino que continúen en una permanente actualización. Sobre todo, si estamos trabajando un cine personal. A lo largo de los años, nosotros cambiamos y si no los actualizamos, los proyectos quedan viejos. Entonces uno tiene que usar el tiempo a su favor. Uno puede llegar a hacer una película con niveles distintos de interpretación, con más profundidad, porque son años en los que uno va cambiando y esas capas van quedando como en un lienzo, como capas de pintura van quedando impresas en el guion. Pero es necesario trabajar eso sí en el guion y nunca parar, aunque todavía no esté el dinero con que vas financiar el proyecto.

Este es tu primer largometraje, aunque haces teatro también, ¿eres dramaturgo?

Sí, dramaturgo y director.

¿Y eso fue anterior o paralelo al cine?

Estudié cine primero, cuando terminé la carrera de cine, quería profundizar en la escritura. Uruguay tiene una sociedad de críticos cinematográficos muy importante, pero se empieza a hacer cine de manera constante recién desde el año 2000, entonces no había una escuela fuerte de guionistas. Entonces, para profundizar en la escritura, me pareció lo mejor profundizar en la dramaturgia uruguaya, porque tenía una trayectoria mucho más larga y profunda y había grandes directores y grandes dramaturgos. Empecé a estudiar para mejorar mi escritura y guion, después me entusiasmé e hice una obra chiquita a la que le fue bien, y, bueno, seguí haciéndolo.

A la actriz principal, Carla Moscatelli, ¿ya la tenías en mente o fue en el casting que la conociste?

Carla iba a venir (a Lima) pero no pudo, justamente porque estaba por estrenar una obra. Carla es una actriz muy reconocida en Uruguay, pero es la primera vez que hace un protagónico en el cine. Yo trabajé editando una serie coral con muchos protagonistas y ella tenía un papel en esa serie. Y ahí la vi por primera vez. Igual después hice casting en muchos lugares, hice casting en Argentina, en Uruguay, e igual nadie se comparaba, no por calidad actoral, aunque Carla es una excelente actriz, sino que lo que tenía Carla es que entendía el tono de la película perfectamente. Desde el primer casting, Carla entendía la sensibilidad de la película.  Y yo no estaba buscando solamente una actriz o una intérprete, yo estaba buscando una creadora. Buscaba una actriz creadora, que aceptara un proceso más parecido al teatral. Hubo mucho tiempo de ensayo, construyendo el personaje. Y después del rodaje, ella era autora prácticamente porque era creadora del personaje. Entonces, muchas veces facilitaba el trabajo porque la dirección terminaba siendo muy simple. Toda la dirección estaba hecha en los ensayos y después eran solamente acotaciones pequeñas, como: “Carla, un poquito más lento”; “Carla, esta vez, por la luz, hay que apuntar para allá la mirada”, cosas así. Terminaban siendo comentarios específicos, porque ella ayudaba en todo, y ayudaba también con los secundarios. Ella, a los actores secundarios…

¿Dirigía también?

No dirigía porque Carla es muy respetuosa, nunca se pone en el rol de dirigir. Pero sí yo escuchaba que había complicidades y estrategias que a veces hacíamos en conjunto y a veces únicamente las tomaba ella para llevarlas a escena lo mejor posible, y lo más parecido a la vida posible con los recursos actorales. La verdad fue interesantísimo trabajar con ella y tengo muchas ganas de volver a trabajar. Tengo un proyecto nuevo y ella tiene un papel secundario. Pero, bueno, es una gran persona y una gran actriz.

Ella estuvo en el casting.

Sí, hice muchos casting con ella.

¿Qué fue lo que te convenció de ella, aparte de su calidad, y de que captó la esencia del tono de la historia? O fue algo de ella que te capturó, ¿o quizás tenías en mente ya la fisonomía del personaje?

Sí, la fisonomía del personaje era importante, quería que fuese grande, alta, que fuese físicamente fuerte. Una persona grande que pudiese intimidar. Esa era la única línea que tenía, después si era rubia, morocha, o la tez, el color, no me importaba. Lo que me interesaba es que fuese una persona fuerte físicamente y con mucho carácter. Y Carla lo que tiene es muchísimo carácter. Pero un carácter controlado, un carácter que pueda regularlo, y tiene mucha vida e intensidad, para después bajarla. Eso es lo que tiene Carla muy bueno, puede modular la energía y eso pudo ayudar mucho para el díptico de la película: tener, en la primera parte, a una persona mucho más seria e intensa con el silencio, a través del silencio; y una segunda parte donde ya podía aparecer la ternura como madre, vinculándose con sus hijos.

Hablando de definir tu obra, te referiste al carácter fuerte de la actriz Carla Moscatelli, haciendo quizá un autoanálisis, podrías describir cuál es el carácter de tu obra en cuanto al teatro y, sobre todo, al cine, ¿cómo la definirías, si es que se puede definir?

No tengo la perspectiva, sinceramente, para decirlo, para definir mi obra. A veces, he intentado pensar, pero siento que cada vez que veo la película o las obras de teatro las percibo de manera diferente. Siento que estoy muy adentro, y por eso prefiero el trabajo de los críticos para ese fin. Que ellos se encarguen de analizarlas y yo las realizo, nada más.

¿Las vacaciones de Hilda fue estrenada en el Festival de San Sebastián?

Sí, en la sección Nuevos Directores. En Uruguay ganó cinco premios de la crítica: Mejor director, Mejor actriz, Mejor película, Mejor ópera prima y Mejor montaje. Los críticos juntaron los años 2020 y 2021. Le fue muy bien en Uruguay por la crítica. Estuvimos como seis o siete semanas en cartelera. La verdad, me sorprendió positivamente la reacción del público uruguayo. Fue muy gratificante. Y está pasando algo lindo, que se retroalimenta con el público del teatro que está yendo al cine. Hay gente del cine que está empezando a ir a ver las obras, tuve una obra en cartelera, se llama Galaxie, y por suerte, le fue bien con el público, justamente por la retroalimentación entre la película y la obra.

Carla Moscatelli protagoniza Las vacaciones de Hilda

¿Qué sensación tienes en relación al teatro y al cine, como director y como espectador? Porque tú eres cineasta.

Yo soy cineasta, hago teatro, pero me considero cineasta. Hago teatro, pero me cuesta mucho más. Soy profesor de guion en la universidad. Adoro el teatro y lo admiro muchísimo. Lo que le digo siempre a mis amigos y colegas cineastas es: nosotros tenemos que tener la humildad de saber que nuestro arte se originó hace apenas un siglo, el teatro, en cambio, tiene más de veinte siglos. Entonces, cuando a veces criticamos el teatro o lo usamos como adjetivo negativo y decimos que es muy teatral esa escena, nos falta humildad para darnos cuenta que tenemos que aprender del teatro.

Ambas artes tienen la misma esencia: es una historia que se cuenta.

Sí, la esencia es la misma, es la representación, es decir, es poner en escena. Ahora, usan otros recursos y otro lenguaje, y eso es lo que hay que aprender y profundizar. Los creadores tenemos que trabajar sobre cómo mejorar la técnica para lograr mejores obras. Pero, esencialmente, la dramaturgia es la misma.

¿Cuántas obras has montado?

Monté dos y tengo tres escritas, y estoy haciendo la cuarta.

No es que no seas dramaturgo, y sí eres director de teatro.

Lo soy, pero siempre me siento un poco atrevido y mi formación es en lo otro.

Imagino que con los años y la experiencia vas a aceptarlo.

Quiero aclarar algo. No es por una cuestión de humildad, es el respeto por el trabajo de los dramaturgos serios que tienen una carrera y una formación, que yo siento que la tengo en cine.

En una entrevista dijiste que las emociones son parte de tus guiones y de tu teatro, pero has logrado tener más satisfacciones en lo emocional realizando tu obra y presentándola en el público. ¿Qué diferentes emociones has sentido cuando has estrenado teatro que cuando has presentado una película? Aunque la película ha tenido más éxito. ¿Qué diferencia desde el punto de vista emocional hay como realizador en el teatro y en el cine?

En el teatro tengo la obligación de estar en la sala, por una cuestión técnica. Y justamente venir a Lima se me complicó muchísimo, porque hubo funciones sin mí y me sentí muy preocupado. Cuando estoy en la sala del teatro, a mí se me da vuelta la panza, se me revuelve el estómago, me pongo muy, muy, muy nervioso, porque es un arte y en cualquier momento algo puede salir mal. Y, realmente, veo que hay funciones que salen muy bien y otras que no salen tan bien. Y entonces, en ese sentido, es muy intenso. Con el cine, lo que he hecho desde que estrené Las vacaciones de Hilda en San Sebastián es que no puedo estar en sala, porque, justamente, me vuelve a pasar lo mismo que en el teatro: que me pongo muy nervioso porque me siento muy expuesto. Para dar un dato curioso: la primera vez que entré en sala desde que estrenamos la película hasta ahora fue en la función acá en Lima. Y salí con una contractura, salí todo contracturado porque estaba viendo la película muy tenso. Y al final de la película, me empecé a relajar y empecé a decir: tengo que disfrutar esto, es como un paso de crecimiento. Y, bueno, de eso se trata: intentar crecer y mejorar en la parte de procesar las emociones en la exhibición, pero es algo que tengo que superar, porque realmente no lo manejo.

En la proyección de Las vacaciones de Hilda en el Festival de Cine de Lima, ¿cómo sentiste al público después de ver tu película?

Es una de los mejores públicos sinceramente, porque fue un público muy abierto a las lecturas que propone la película y es un público abierto al diálogo, porque la película tiene un cierre incómodo, que a veces deja al espectador mudo, para que después procese y se pueda hablar un poco más adelante. Pero, en este caso, fue muy interesante la reacción, tanto que me terminé yendo a un café con un grupo de espectadores, y disfruté muchísimo porque las interpretaciones a veces son más valiosas que las mías.

¿Qué te decían?

Me daban interpretaciones muy valiosas, a veces es bueno ser interactivo porque las ideas cuando vuelven lo hacen con resoluciones de la película con dimensiones que uno no espera, o que, de pronto espera, pero cuando te lo cuentan, cuando arman el discurso, se genera algo mágico porque la película la termina completando el espectador.

Entrevista y fotografía de encabezado: Giancarlo Tejeda

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